Slow Travel: qué es y cómo practicarlo

Dice el refrán que “las prisas nunca son buenas compañeras”. Tampoco lo son a la hora de viajar. En un mundo tan acelerado como el actual, donde nos movemos siempre como si estuviéramos en una carrera contrarreloj, se imponen cada vez más tendencias que buscan justo lo contrario: desacelerar el ritmo, vivir de forma pausada, disfrutar de momentos más tranquilos, disminuir la tensión y por supuesto; ¡disfrutar de los grandes momentos de una forma mucho más relajada!

El turismo de hoy en día destaca por vivir sumido en esa corriente de prisas que impide que los viajeros puedan pararse a experimentar unas verdaderas vacaciones. Todo son listas interminables de monumentos, planificaciones de tiempos para llegar a los lugares más destacados, tours, recomendaciones en guías de viaje…Frente a esta costumbre, surge una nueva forma de viajar: el Slow Travel. Esta fórmula apuesta por el disfrute y por alejarse de las típicas zonas visitadas por el turismo masivo y actividades habituales; apostando mucho más por la calidad de la experiencia que por la cantidad de sitios o lugares visitados. Haz las maletas, reserva tu traslado y súmate a la experiencia del Slow Travel. ¿Qué aún no sabes lo que es? Pues sigue leyendo porque además de explicarte en qué consiste, te contamos cómo puedes practicarlo.

Qué es el Slow Travel: la nueva definición de viajar

El concepto Slow Travel es una tendencia cada vez más en auge que pretende priorizar las experiencias vividas frente a los paisajes o monumentos visitados en el lugar seleccionado como destino. Evitar el turismo de masas y buscar una vivencia única conociendo las costumbres, tradiciones, la gente y la historia de la ciudad que visites; son características esenciales de los ya conocidos como “slow travellers” (personas que practican esta manera de viajar).

Esta filosofía de viaje tiene como principal objetivo crear una experiencia única, viajar de una forma más pausada, romper con la rutina y construir recuerdos que duren toda una vida. Sin duda, el Slow Travel te ayudará a conectar y compartir con las personas. Además, te permitirá estar en sintonía con el entorno que visites, huyendo de los lugares masificados y llegando hasta rincones inéditos.

Otro de los puntos fuertes del Slow Travel es la cercanía a los paisanos del sitio de destino en el que vas a pasar tu viaje y el fomento del comercio local, buscando alojamiento en casas comunes o probando los platos de los bares más humildes de la zona. Una idea que además de permitirte ver el otro lado de la moneda, favorece notablemente a los vecinos y su actividad económica.

Cómo practicar el Slow Travel

Si ya te has convencido de que quieres comenzar a probar este nuevo método de viaje, te compartimos algunos tips esenciales:

1. Plantea el viaje de forma relajada

A la hora de organizar el viaje, reservar el traslado y el alojamiento es clave. Te recomendamos alojarte con personas locales que te ayudarán a acercarte a su estilo de vida y costumbres. Esto puedes hacerlo a través de casas de huéspedes, una elección idónea para conectar al máximo con ellos. También existe la posibilidad de hacerlo en modalidad de “intercambio de viviendas” o incluso, cuidar de una casa (esta última opción, es una novedad que cada vez más gente quiere probar).

2. Establece prioridades

Viajar con un tiempo limitado hace necesario priorizar los objetivos que queremos alcanzar durante nuestro viaje. Como no da tiempo a hacerlo todo, lo mejor es hacer una lista con las actividades o experiencias que queremos vivir e intentar disfrutarlas al máximo. Reduce la cantidad, en pro de la calidad. Es decir, experimenta menos lugares y de una forma más pausada.

3. Deja margen para la espontaneidad

El Slow Travel no quiere decir que no organices nada, sino que lo hagas estableciendo un determinado margen para los imprevistos y cambios en el itinerario. De esta forma, podrás configurar tu hoja de ruta con las recomendaciones de las personas natales y enriquecer mucho más tu viaje. Menos visitar y más experimentar.

Destaca las experiencias que puedas vivir en lugar de las visitas turísticas o lugares que tengas que ver. A la larga, estos recuerdos perdurarán más tiempo en tu memoria.

4. Desconecta de tu realidad

El Slow Travel se caracteriza por primar los sentimientos. Y, es muy difícil sentir, si tenemos la necesidad constante de parapetarnos tras una pantalla y fotografiarlo todo. Deja a un lado el mundo digital y sumérgete en la realidad que te rodea.

5. Objetivo: disfrutar al máximo

Recuerda que lo importante en el Slow Travel no es sumar destinos en tu lista de visitas ni añadir sellos a tu pasaporte. Lo fundamental es que recuerdes por qué viajar y qué esperas lograr de esta vivencia.

Como ves, esta opción es cada vez más atractiva para los viajeros por el nuevo concepto de disfrute que supone. Una apuesta por largos paseos, conocer a las personas que viven en tu destino escogido, valorar el producto artesanal… En definitiva, mimetizarte con la cultura, la tradición y el entorno.

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